El Juicio del Gran Trono Blanco 

Apocalipsis 20:11-15 

Anderson Hernández

1. El evento 

Lo descrito por el Espíritu Santo a través del discípulo amado, habla de un evento que será completamente inevitable porque se llevará a cabo en el tiempo señalado por Dios. Esto lo acentuó Pablo al predicarle a los atenienses paganos. “Por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos” (Hch. 17:31). El evento del juicio del gran trono blanco representa una cita que cada impío tendrá con Dios. 

2. El escenario 

Este juicio bajo consideración tendrá un escenario que tendrá las siguientes características. 

I. Incomparable. El trono, el juicio y el Juez serán completamente únicos. Todos los tronos son transitorios, pero este trono es eterno (Sal. 45:6). Muchos juicios son corruptos, pero ese juicio será justo (Sal. 9:7). Hombres mortales han juzgado y reinado, pero el que estará sentado sobre este será el Señor y el Soberano del universo (Hch. 4:24). 

II. Contrastante. El trono siendo blanco refleja la pureza de Cristo el Juez. Esto contrasta grandemente con los que estarán presentes en ese juicio. Serán personas que nunca fueron lavadas de sus pecados por medio de la sangre de Cristo (1 Jn. 1:7), y que por lo tanto, murieron en sus pecados (Jn. 8:24). Se presentarán delante del Justo y Verdadero terriblemente manchados por su deplorable maldad. 

III. Portentoso. Este escenario será singular. Lo que verán y escucharán los acusados les causará terror y pánico como nunca jamás. Esto puede ser visto en el hecho de que el trono es descrito como siendo grande. No pasará desapercibido. No podrá ser ignorado. La grandeza del trono es por la superioridad del que estará sentado sobre él.  Causará un impacto tan grande que aún la tierra y el cielo huirán de delante de Cristo el Juez. 

IV. Majestuoso. El que se sentará sobre el trono, a pesar de que fue “despreciado y desechado” (Isa. 53:3) en Su primera venida, en aquél día Él se presentará como el Rey de reyes y el Señor de señores (Ap. 19:16). El escenario del juicio del gran trono blanco será majestuoso porque será el Rey del universo quien hará que los malvados se presenten delante de Él. 

V. Judicial. El trono siendo blanco también recalca que desde allí se emitirá perfecta justicia. Jesucristo se sentará allí para sentenciar el castigo que será declarado sobre cada perverso que le dio la espalda a Él. Él “pagará a cada uno conforme a sus obras” (Rom. 2:6). Al ser un escenario judicial, hace pensar en que Cristo aquél día ya no será el Salvador de los pecadores sino el Juez de los pecadores. Este es el énfasis de las palabras del Señor en Juan 5:22, “Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo”. El Juez dará el veredicto judicial sobre todos aquellos que en vida no creyeron en Él para ser justificados de sus pecados a través de la fe en Él (Gál. 3:11). Al ser un juicio perfectamente justo, nadie podrá favorecerse a sí mismo al tener influencias. Este Juez no puede ser sobornado ni engañado. 

3. La entrega 

La lectura en Apocalipsis señala una entrega sobresaliente que se efectuará en este juicio. “El mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos”. ¡Qué escena tan impresionante! El mar, la muerte y el Hades vaciarán todos los muertos que había en ellos y así entregarlos al juicio determinado por el Señor del cielo y de la tierra. Esto recalca el poder infinito del Juez que gobernará y controlará al mar, la muerte, el Hades y toda persona que pereció en sus pecados. Esto también señala la vulnerabilidad del hombre al tener que doblegarse ante la voluntad irresistible del Juez. Por causa de esta entrega descrita, ni una sola persona podrá escapar de esta cita inminente que tendrá con Dios. 

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4. Los ejecutados 

Juan menciona que los ejecutados serán “los muertos, grandes y pequeños”. Pudiera referirse a personas mayores e individuos jovenes. Pudiera también estar diciendo que los ejecutados en esa sentencia, serán personas de renombre y poder; e individuos que no gozaron de un cierto estatus social. Sea como fuese, lo que pareciera puntualizarse aquí es que nadie quedará impune porque no habrá imparcialidad para nadie. Toda persona que tenía la habilidad de decidir entre el bien y el mal y que no creyó en el mensaje de la vida eterna, será ejecutado por Jesucristo en este juicio. 

5. Las evidencias 

El pasaje en Apocalipsis demuestra cuáles serán las evidencias que presentará el Juez a los acusados. “Los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras.” 

Vemos aquí que habla de libros en plural y habla de un libro en singular. Al hablar de libros, se refiere a la Biblia y al libro de las obras. Jesucristo anticipó que la Palabra de Su Padre juzgaría a los inconversos en aquél día. “El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzga; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero” (Jn. 12:48). El Libro que pudo haberles salvados porque contiene palabras de vida, juzgará a todos aquellos que murieron en incredulidad a lo que la Biblia decía. El Juez les señalará que tuvieron conocimiento de las Escrituras pero que prefirieron no creer la Palabra inspirada de Dios. 

Al hablar de libros también habla del libro de las obras. Este libro es un registro minucioso de todos los pecados que jamás cometió cada persona. Este libro incluirá todo pensamiento, toda emoción, toda palabra y toda acción que fue cometido en rebeldía a la ley de Dios. Juan subraya que los muertos serán castigados conforme a las obras que se hayan cometido y que sean mencionadas en este libro. 

Juan también mencionó un libro en singular que es el libro de la vida. Este libro contiene los nombres de todos aquellos que creyeron en “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn. 1:29). Por eso este libro también es llamado “el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo” (Ap. 13:8). Cuán solemnes son las palabras de Juan cuando él escribió: “El que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego”. 

Después de que sean presentados estos libros, nadie podrá justamente protestar el veredicto del Juez. Una de las cosas que llama la atención en lo escrito por Juan sobre el juicio es que los ejecutados parecieran estar de pie ante el Señor en silencio. No podrán hacer alguna objeción. 

6. La eternidad

Por último, una consideración del juicio del gran trono blanco debe traer a nuestras mentes el hecho de que la salvación de Dios es eterna. 

Los que no estén en este juicio será porque creyeron en el “evangelio eterno” (Ap. 14:6) de Dios. Por causa de su fe en el único Salvador, vivieron y murieron eternamente seguros en las manos del Padre y de Su Hijo (Jn. 10.28, 29). Ellos gozarán lo eterno que es la salvación. 

Los que sí tengan que presentarse en este juicio será porque no recibieron la salvación y jamás la podrán hallar después de la muerte. En el juicio del gran trono blanco no se ofrecerá la vida eterna. En el lago de fuego que arde por siempre no se brindará el perdón de pecados. 

La solemnidad de esta escena considerada debería hacerle a usted arrepentirse de sus pecados y creer hoy mismo en el Señor Jesucristo. En vez de sufrir este terrible juicio que se ha contemplado, acepte por fe que el Hijo de Dios llevó en su lugar el juicio de Dios sobre la cruz por sus pecados. “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en Él el pecado de todos nosotros” (Isa. 53:6). 

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