Anderson Hernandez
David se gozaba en el que era Su Pastor y en que él era Su oveja. Esto lo vemos muy claramente en el Salmo 23.
Para el dulce cantor de Israel, el Señor era un Pastor de las siguientes dos características:
1. Conocido. El salmo muestra claramente que David conocía personalmente e íntimamente a Su Pastor. Él entendía la grandeza de Su Pastor y buscaba exaltarle; pero a la misma vez, no era alguien que estaba distante de él ni alguien que no puede ser conocido. Hablaba de Él diciendo: “Jehová es mi Pastor”; “Tú estarás conmigo”; “unges mi cabeza con aceite”. El Pastor de David le conocía a él y él conocía a su Pastor.
¡Qué maravilla es que nuestro Pastor permita que le conozcamos! Esta debe ser nuestra máxima ambición. Jesucristo dijo: “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Jn. 17:3). Sigamos el ejemplo de Pablo quien dijo: “Estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo… a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos” (Fil. 3:8, 10).
2. Compasivo. David recalca en este salmo lo bueno, tierno y misericordioso que era Su Pastor. Consideraremos todo lo que él comprendía que recibía de su Pastor. En Su compasión, el Señor le proveía de un sin fin de bendiciones materiales y espirituales en el pasado, presente, y en el futuro.
Nosotros también hemos conocido lo compasivo que es nuestro Pastor. Nosotros también hemos experimentado en múltiples maneras lo tierno, bueno y misericordioso que es Él. Nos hemos beneficiado enormemente por Su forma de ser que es descrita en el evangelio según Mateo. “Al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor” (Mt. 9:36). En Su compasión nos vió en nuestra gran necesidad.
Siempre nos conmueve leer la parábola del Señor donde Él dijo: “¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?” (Lc. 15:4). En Su compasión nos salió a buscar hasta encontrarnos.
Pensemos ahora en lo que David encontraba en Su glorioso Pastor y lo que él describe de su vida como oveja Suya.
1. La seguridad (v.1). Con plena certeza estaba convencido de que Jehová era Su Pastor y que nunca le faltaría algo.
2. La satisfacción (v.2). Su Pastor le proveía “delicados pastos” en los cuales podía reposar y le pastoreaba “junto a aguas de reposo”.
3. La senda (v.3). Confortaba su alma y le guiaba “por sendas de justicia por amor de Su nombre”.
4. El sufrimiento (v.4). David sabía que aunque anduviese “en valle de sombra de muerte”, no debía temer “mal alguno”, porque Su Pastor iba con Él.
5. La solidez (v.5). Estaba convencido de que aun en presencia de sus angustiadores, Su Pastor le preparaba mesa delante de Él, le ungía su cabeza con aceite y hacía que su copa rebosara.
6. La salida (v.6). David tenía la firme esperanza que en sus salidas, el bien y la misericordia de Su Pastor le acompañarían todos los días de su vida. David también tenía la firme esperanza que Su Pastor le guardaría y prosperaría al salir de este mundo e ir a su morada eterna.
Gracias a Dios que David era una oveja del Señor. Gracias a Dios que nosotros también somos ovejas Suyas. Confiemos en Él. Sirvámosle a Él. Adorémosle a Él.