El Carpintero de Nazaret

Anderson Hernández

“No es éste el carpintero…?” Mr. 6:3

Uno de los títulos que dieron a Cristo mientras estuvo en la tierra y que muestra la nobleza, humildad y ocupación Suya durante gran parte de Su vida terrenal es “el carpintero”. No hay duda que cuando fue llamado por los religiosos de esta manera, lo hicieron de forma despectiva, queriendo decir que no venía de una familia prominente, de un pueblo de valor ni de una universidad religiosa reconocida. Empero para el creyente, considerar este título de Él, significa aprender un poco más de nuestro amado Señor.

Notemos algunas cosas sencillas, pero que al profundizar de manera individual, puede ayudar en nuestra meditación y adoración hacia Él. Ver a Cristo como el carpintero nos lleva a considerar varios puntos:

1 – Su domicilio. “¿De Nazaret puede salir algo de bueno?” preguntó Natanael, pues así pensaban muchos en Israel. Vivir allí era llevar una vida ordinaria, sin mayores perspectivas ni grandes aspiraciones. Un lugar despreciado. Resalta la sencillez de nuestro Señor. Aun nuestras mentes no entienden cómo siendo el Dios de la gloria, pudo morar en un lugar tan sencillo.

2 – Su desarrollo. Fue allí mientras crecía y aprendía el oficio que desarrolló una vida de sujeción a Sus padres terrenales. Resalta entonces la sujeción a criaturas con fallas humanas y pecadores; pero Él fue un hijo completamente obediente.

3 – Su disciplina. En el versículo citado, notamos que le reconocieron al estar en la sinagoga, porque este noble carpintero había dejado un testimonio de fidelidad y disciplina a las reuniones en dicho lugar. Un tremendo ejemplo para el cristiano. Asistir a las reuniones de la iglesia requiere esfuerzo y disciplina.

4 – Su destreza. Desde muy joven aprendió un oficio que serviría también para el sustento de la familia. Seguro era un trabajador prudente, amable con Sus clientes, honesto en los precios y con una palabra de aliento al necesitado.

5- Su disposición. Aquel carpintero ejemplar de Nazaret moriría en el Calvario. Las materias y herramientas que tanto usó en Su trabajo fueron los usados para que el Hijo de Dios padeciera por mí. Por eso no escribimos de un carpintero cualquiera, sino de “el carpintero”, que es digno de nuestra devoción y amor cada día.

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