La Iglesia Local

Anderson Hernandez

El Concepto 

La palabra iglesia en griego es ekklesia y aparece unas 111 ocaciones en el Nuevo Testamento. Significa: “llamado a salir fuera”. Esto quiere decir que una iglesia denota un grupo de personas que son llamadas a salir fuera para congregarse en un mismo lugar. 

Comúnmente utilizamos la palabra asamblea para describir a una iglesia porque este término es constantemente malentendido y empleado erróneamente. Por ejemplo, muchas personas hablan de una iglesia al referirse a un edificio. Las Escrituras nunca emplean esta palabra para describir una ubicación. La Biblia únicamente utiliza la palabra al hablar de personas. 

Al estudiar lo que significa la palabra iglesia, es muy importante hacer una distinción entre la nación de Israel y la iglesia local; y entre la iglesia universal y la iglesia local. Israel se rigió bajo la ley Mosaica; la iglesia se rige por los escritos que están en el Nuevo Testamento. La iglesia universal es el cuerpo de Jesucristo al que pertenecen todos aquellos que han creído en el Señor; pero la iglesia local es un número de creyentes que se reúnen en una localidad al nombre de nuestro Señor Jesucristo. 

Hay distintos términos que describen lo que es una asamblea ante los ojos del Señor, los cuales son los siguientes:

1) Labranza (1 Co. 3:9)
2) Edificio (1 Co. 3:9)
3) Templo (1 Co. 3:16)
4) Casa, columna y baluarte (1 Tim. 2:15)
5) Cuerpo (1 Co. 12:27)
6) Virgen (2 Co. 11:2)
7) Rebaño (Hch. 20:28) 

Las Características 

En Hechos 2:41, 42 encontramos las siete columnas que distinguen a una iglesia local las cuales son:

1) “Los que recibieron su palabra”
2) “fueron bautizados”
3) “se añadieron”
4) “perseveraban en la doctrina de los apóstoles”
5) “en la comunión unos con otros”
6) “en el partimiento del pan”
7) “en las oraciones” 

Podemos ver con más detalle el hecho de que una asamblea es como un edificio (1 Co. 3:9). El fabricante del edificio es Dios (1 Co. 3:9). Es a través de su poder que es construido. El fundamento del edificio es Cristo (1 Co. 3:11). Es en base a sus enseñanzas que se levanta esta edificación. La función del edificio es ser morada de Dios (1 Tim. 3:15) y exhibir y defender las verdades de Dios (1 Tim. 2:15). Al no tener estas cualidades, se pierde el carácter que debe distinguir a una asamblea local. 

El Nuevo Testamento enseña que hay ciertas particularidades de las Tres Personas de la Trinidad que también caracterizan a una iglesia local. En primer lugar, debe estar allí la presencia de Dios. Es su deseo morar entre su pueblo. En segundo lugar, debe reconocerse siempre la preeminencia de Cristo. Él siempre debe ser primero en rango, posición y autoridad. En tercer lugar, se necesita depender constantemente en la presidencia del Espíritu Santo. Él es el que guía todo lo que realiza la iglesia. 

Pensando más detenidamente en Jesucristo y en su preeminencia en la iglesia, sería provechoso considerar lo siguiente. Primeramente, Él es el Señor de la iglesia. Esto lo vemos de manera muy clara en 1 Corintios 11:2-16. El hecho de que Él es el Señor nos habla de la posición única que Él goza entre los redimidos. Pero también es importante recalcar que Cristo también es la cabeza de la iglesia. En Efesios 1:20-23 podemos notar algo sobre la majestad de Él como cabeza. En Efesios 4:10-16 podemos recalcar lo concerniente al mantenimiento de la cabeza. 

El Crecimiento 

Aquí es importante estudiar el tema de los dones espirituales. Dios ha escogido que el crecimiento de una iglesia local sea a través de su poder manifestado en los dones que Él ha dado a los que han creído en el nombre de su Hijo. 

En los siguientes pasajes leemos acerca de los dones espirituales que el Señor le ha dado a la iglesia para su crecimiento: Efesios 4:10-16; 1 Corintios 12:27-29; Romanos 12:5-8. En estos pasajes no solo se especifican cuáles dones poseen los creyentes, pero también se enfatizan los distintos beneficios que estos traen al pueblo del Señor para su propia gloria. 

El apóstol Pablo nos hace ver que es adecuado desear un don en especifico (1 Co. 12:31). Dios se encarga de darle un don a alguien y de poner en su corazón el deseo de ejercerlo para su gloria y para el bien de la iglesia. 

Al considerar el tema de los dones es importante señalar que es posible que no utilicemos nuestros dones como deberíamos y que los descuidemos. A Timoteo se le ordenó: “No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio” (1 Tim. 4:14). Obviamente esto es algo que todo hermano quiere evitar hacer. 

Pensando en el tema de los dones, es posible que alguien se pregunte: ¿Cómo debo saber cuál es mi don? Hay dos cosas que nos ayudan a distinguir cuál es la labor que Dios tiene para cada uno de nosotros. Lo primero que habrá es un ejercicio personal. En otras palabras, un creyente tendrá el anhelo de realizar una cierta función en beneficio de los demás. Por otro lado, los pastores ayudaran a los miembros de la iglesia a distinguir cuál es su don. Para esto ellos tendrán que tener discernimiento por parte del Señor. 

En pasajes como Romanos 12:3 y 1 Pedro 4:10 podemos subrayar algo acerca de la pluralidad y la particularidad que distinguen a los dones que Dios nos ha dado. 

El Cuidado 

El Señor ha escogido cuidar de su rebaño a través de ancianos, obispos y pastores. Estos son hermanos en la misma localidad e iglesia que se preocuparán por el bienestar de las ovejas. 

De acuerdo a 1 Pedro 5:1-4, los ancianos apacientan y cuidan la grey de Dios sin imponerse sobre los creyentes. 

Los pastores en la iglesia son aquellos que nos hablan la palabra de Dios y son el ejemplo de que debemos seguir (Heb. 13:7). 

En 1 Timoteo 3:1-7 Pablo delinea los requisitos con los que deben cumplir aquellos que anhelan el obispado. 

La iglesia debe reconocer a los que trabajan entre ellos, los cuales son aquellos que les presiden en el Señor y les amonestan (1 Tes. 5:12). 

Las Caídas 

Tristemente habrán aquellos que pertenecen a una iglesia local que cometerán pecado. La Biblia hace muy claro lo que debe realizarse con ellos para ayudarles a dejar la maldad y así vivan en pureza para pertenecer una vez más a la comunión de la asamblea. 

En 1 Corintios 5 se nos instruye sobre los pecados morales que deben ser tratados en la congregación.

En 1 Timoteo 1:20 se pone como ejemplo a Himeneo y Alejandro para hacer ver lo que debe hacerse con aquellos que creen falsas doctrinas. 

En Mateo 18 se hace ver lo que debe ocurrir cuando hay contiendas entre dos hermanos en la misma asamblea.

Todo esto es para que la iglesia del Señor ande en santidad y para que los caídos puedan ser restaurados. 

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