Anderson Hernandez
¿Qué es?
Esta noble virtud pudiéramos decir que recalca lo siguiente:
1. Es aceptar una situación difícil con calmada entereza sin perder el dominio propio. Leemos en Efesios 4:2, “con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor”.
2. Es la capacidad de soportar o padecer sin alterarnos. Dios nos pide: “Gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración” (Rom. 12:12).
3. Es la facultad de esperar algo. Pablo escribió a las asambleas en Galacia: “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos” (Gál. 6:9).
La Paciencia y la Permanencia
En la Biblia, la paciencia también se intercambia con la permanencia. El salmista hace ver que aquella persona que teme a Dios es alguien que se caracteriza por tener un corazón firme (Sal. 112:7). Pablo deseaba que los corintios fuesen “constantes” (1 Co. 15:58). El Espíritu Santo enseña que las pruebas producen perseverancia en la vida del creyente (Stg. 1:2-4). El profeta Isaías hizo una maravillosa promesa para aquellos que esperan pacientemente en Dios. “Los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán” (Isa. 40:31). Dios nos ayude a ser pacientes y permanentes.
La Trinidad y la Paciencia
Para que podamos practicar la paciencia, Dios obra en nosotros y es nuestro mejor ejemplo a seguir. La cualidad de la paciencia es algo que Dios ha mostrado siempre de una manera perfecta. Pedro escribió: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pe. 3:9).
1. La paciencia es de Dios Padre (Rom. 15:4, 5). Seamos como él.
2. La paciencia es fruto del Espíritu Santo (Gál. 5:22). Hagamos las obras de él.
3. La paciencia es de Cristo (2 Tes. 3:5). Sigamos el ejemplo de él.
Permitamos que Dios produzca la paciencia en nosotros e imitemos este maravilloso atributo de nuestro Señor.
Paciencia en Todo Momento
Por lo tanto, mostremos paciencia en las siguientes áreas de nuestra vida:
1. Nuestro carácter. Seamos tardos para airarnos (Pr. 14:29). Nunca olvidemos que “mejor es el sufrido de espíritu que el altivo de espíritu” (Ecl. 7:8). Santiago nos instruye de la siguiente manera: “todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios. Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas” (Stg. 1:19).
2. Nuestras circunstancias. Mostramos paciencia con respecto a personas difíciles. Ejerzamos dominio ante las provocaciones y mantengamos la calma ante tales ataques. Practiquemos siempre lo que la Biblia llama la longanimidad. Seamos pacientes hasta la pronta venida de nuestro Salvador. Timoteo sufría mucho por causa de personas que aborrecían el evangelio. Pablo le exhortó: “que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina” (2 Tim. 4:2).
3. Nuestra carrera. La epístola a los Hebreos presenta el andar del cristiano siendo como una carrera que debe ser corrida con paciencia. “Os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa” (Heb. 10:36). “Teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” (Heb. 12:1, 2).
Concluyamos pensando en lo siguiente:
1. No pidamos a Dios por una carga más liviana sino por una espalda más fuerte.
2. Nuestro problema comienza cuando tenemos prisa y Dios no.
Seamos siempre pacientes.
