Anderson Hernandez
¿Qué es?
Es la parte de nuestra mente o la psiquis humana que nos permite diferenciar entre lo bueno y lo malo.
La palabra conciencia proviene de la palabra griega suneidésis que denota una alerta o un conocimiento moral.
¿Qué función tiene?
1. La conciencia es lo que Dios nos da dado para poseer la capacidad de discernir. Pablo instruyó a Timoteo en cuanto a algunas cosas muy importantes del ministerio y le explicó que “el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida” (1 Tim. 1:5). El apóstol quería que su colaborador tuviese la capacidad de discernir entre lo bueno y malo. Es imprescindible tener una conciencia sensible para poder discernir las cosas y así honrar debidamente al Señor.
2. La conciencia nos sirve como testigo. Dios lo explica de la siguiente manera: “los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, estos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos” (Rom. 2:14, 15). Esto significa que, a pesar de que los gentiles no tuvieron la ley de Dios (que sí tuvieron los israelitas), los gentiles fueron ley a sí mismos. Esto a través de sus conciencias que les acusaban en el mal que hacían y les defendían en el bien que realizaban. Lo mismo ocurre con toda persona en la actualidad. La conciencia nos testifica si hacemos mal o hacemos bien.
3. La conciencia nos ayuda en cuanto a nuestros valores y principios. Esto lo vemos claramente en la vida de Pablo. En parte, él encontraba seguridad en sus convicciones por medio de su conciencia. Al ser juzgado indebidamente él dijo en más de una ocasión que hacía lo que hacía por motivos de su conciencia. Pablo dijo al concilio: “Varones hermanos, yo con toda buena conciencia he vivido delante de Dios hasta el día de hoy” (Hch. 23:1). Al estar frente a Félix, Pablo dijo: “por esto procuro tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres” (Hch 24:16). Sería importante notar que la conciencia solo puede ser seguida cuando está bien regulada por lo que dice la palabra del Señor.
¿Qué haremos?
Informemos nuestra conciencia a través de la Biblia sobre aquello que Dios considera agradable y desagradable.
Dejemos que nuestras conciencias nos guíen en todo lo que decidimos.
Permitamos que nuestras conciencias resulten en que nuestras vidas sean para la gloria del Señor.
